
Indian Motorcycle acaba de lanzar ARO (American Racing Operations), su propia división de componentes de alto rendimiento, un movimiento que posiciona a la marca de manera directa frente a lo que Harley-Davidson ha construido durante décadas con Screamin’ Eagle. El primer producto disponible es el ARO GP Slip-On Exhaust para la Challenger, mismo que fue desarrollado por el mismo equipo que domina el MotoAmerica King of the Baggers y cuyo precio es de 799.99 dólares (cerca de 14 mil pesos mexicanos).

ARO nace del programa de carreras de Indian en el King of the Baggers, donde la marca acumula cuatro victorias y nueve de doce posiciones de podio en las dos primeras rondas de la temporada. Mike Kennedy, CEO de Indian Motorcycle, define la división como una marca de rendimiento inspirada en la competición, lo que la distingue de cualquier accesorio aftermarket.
El vínculo con Vance & Hines es central en esta historia. Kennedy fue CEO de la compañía antes de encabezar Indian, y la relación entre ambas marcas ya producía resultados en la pista. Terry Vance, jefe del equipo oficial en el King of the Baggers, encabeza el diseño del escape ARO GP Slip-On, un sistema de doble silenciador que reemplaza los terminales originales de la Challenger sin necesidad de modificar nada.

Indian asegura que el producto mejora el flujo de gases y entrega un sonido notablemente más grave y dominante. No se han publicado cifras de ganancia de potencia, pero la marca confirma que el escape dos en uno usado por el equipo de fábrica en competición seguirá en la moto de carreras durante el resto de la temporada, manteniendo viva la conexión entre pista y calle.
El ARO GP Slip-On es compatible con la Indian Challenger y con otros modelos bagger y touring de la gama. Al tratarse de un accesorio original de la marca, su instalación en concesionario autorizado no compromete la garantía de la motocicleta. La instalación es directa y no supera la hora de trabajo en un taller especializado.

Con ARO, la marca tiene ahora una plataforma propia para monetizar su éxito en competición y ofrecer a sus clientes una alternativa avalada por fábrica, algo que el mercado de motos grandes venía reclamando.