
Nos acercamos a la mitad de la Ruta 66, después de más de 2,000 kilómetros a bordo de la Marshal Traveler 525 entre museos, pueblos históricos y paisajes que nos han llevado en este tramo de Oklahoma a Texas y con la mira puesta en el final de la carretera más legendaria de Estados Unidos.

En el quinto día de recorrido, Richard y Rocío comenzaron en Tulsa, una ciudad cuyos edificios históricos y letreros clásicos recuerdan la época en que la industria petrolera impulsó su crecimiento. Desde ahí, el camino los llevó a Sapulpa, donde hicieron una parada en Gasoline Alley Classics, una tienda repleta de objetos, piezas y recuerdos del mundo automotriz, instalada en un edificio vinculado con la historia del Ford Model T y los primeros años de la producción en serie.
En Chandler, la siguiente parada fue Route 66 Bowl, un sitio que conserva una llamativa colección de letreros antiguos y elementos asociados con la historia de la carretera. Más adelante, en Warwick, nos detuvimos en Seaba Station Motorcycle Museum, ubicado en una antigua estación de servicio. Jerry, el encargado del establecimiento, nos recibió y mostró una colección de motocicletas y piezas históricas que conectan directamente con la evolución del motociclismo estadounidense, entre japonesas, europeas y por supuesto las locales de bloque grande.

El recorrido continuó hasta Arcadia, donde el Round Barn ofreció una mirada a la arquitectura rural de Oklahoma. Esta construcción circular es anterior a la propia Ruta 66 y se ha convertido en uno de los referentes históricos de la zona. Muy cerca, POPS aportó una imagen completamente distinta: su enorme botella de refresco y la extensa variedad de bebidas que ofrece lo han convertido en una de las paradas más reconocibles para quienes recorren la Mother Road.
El sexto día comenzó temprano y representó una de las jornadas más exigentes de la travesía. Con un recorrido que -sumando las paradas- superó las quince horas, dejamos atrás Oklahoma City para continuar hacia Texas. La primera parte del trayecto nos llevó a El Reno, donde los murales y The Filling Station sirvieron como punto de contacto con la cultura local. Después llegó uno de los cruces más llamativos del día: el Pony Bridge, una estructura de más de un kilómetro de longitud que destaca por su diseño de celosía y por su importancia dentro de la infraestructura histórica de la ruta.

Más adelante, el Cherokee Trading Post ofreció una inmersión en la cultura vaquera del oeste del estado. Su característica estructura en forma de tipi alberga una tienda reconocida por su enorme inventario de botas vaqueras, con miles de pares en exhibición. La ruta también incluyó una parada en el museo de la Ruta 66 en Clinton, otro espacio dedicado a preservar la memoria de una carretera que ha cambiado con el paso de las décadas, pero que conserva su lugar en la cultura popular estadounidense.
Finalmente, llegamos a Amarillo, Texas, para cerrar el día en uno de los establecimientos más conocidos de la zona: Big Texan Steak Ranch. Este restaurante es famoso por su reto del steak de 72 onzas, una porción de carne de aproximadamente 2 kilos que el comensal debe terminar en menos de una hora para obtenerla gratis; de no conseguirlo, el costo del reto es de 72 dólares.

Después de pagar la cuenta y con el estómago lleno terminamos una jornada de mucha cultura vaquera, arquitectura singular y gastronomía local. La llegada a Texas marca un nuevo avance en esta travesía de aniversario, en la que Richard, Rocío y La Fiera siguen sumando millas y experiencias sobre una carretera que, cien años después de su creación, conserva intacta su capacidad para convertir cada parada en parte de una gran historia.