
En Revista 400 continuamos recorriendo la Ruta 66 en el año de su centenario. A bordo de la Marshal Traveler 525, Richard y Rocío han dejado atrás Amarillo, Texas, para alcanzar el punto medio de esta histórica carretera y adentrarnos en Nuevo México, donde los paisajes desérticos, los automóviles clásicos y las tradiciones locales recuerdan por qué esta ruta se convirtió en un símbolo de la cultura del viaje por carretera y del motociclismo.

El séptimo día de nuestra expedición comenzó en Amarillo, Texas, con una visita a Cadillac Ranch: diez automóviles Cadillac enterrados parcialmente en el suelo, alineados con sus frentes hacia abajo, conforman una imagen que se ha convertido en parte de la identidad visual de esta carretera. En este punto nos encontramos con motociclistas provenientes de otros estados y aprovechamos para dejar nuestra propia marca sobre los vehículos con pintura en aerosol. Los nombres de Marshal, Revista 400, Mototec y 1200SC quedaron plasmados en los Cadillacs, sumando nuestro viaje a la historia colectiva de un lugar donde miles de visitantes han dejado su huella.
Retomamos el camino entre extensas llanuras y enormes parques de turbinas eólicas, un paisaje que muestra otra cara de Estados Unidos. En estas largas rectas, la exposición constante al sol y al viento pone a prueba tanto al motociclista como a su máquina. Nuestra Marshal Traveler 525 -bautizada como La Fiera- continuó acumulando kilómetros y sus características orientadas al turismo volvieron a hacer de los trayectos entre puntos una experiencia completamente placentera.

En Adrian, Texas, llegamos al Midpoint de la Ruta 66, el punto que divide simbólicamente el recorrido entre Chicago y Los Ángeles. Su emblemático letrero indica 1,139 millas hacia el este y otras 1,139 hacia el oeste. Entre antiguas estaciones de servicio, construcciones que conservan el aspecto de otras décadas y nuevas fotografías de la Traveler 525, finalmente llegamos a Tucumcari, Nuevo México. Ahí visitamos Tee Pee Curios, una tienda cuyo nombre y estética evocan la iconografía del suroeste estadounidense.
El octavo día comenzó en Tucumcari, todavía en Nuevo México, el quinto estado de nuestra travesía desde Chicago hasta Los Ángeles. En Santa Rosa visitamos el Route 66 Auto Museum, un espacio que reúne más de 30 automóviles clásicos, antiguas bombas de gasolina y objetos relacionados con la cultura automotriz. La colección permite apreciar la evolución de los vehículos y la estética de distintas épocas, pero también ayuda a comprender el papel que desempeñaron los automóviles en la consolidación de la Ruta 66 como una experiencia cultural, más allá de su función como vía de comunicación.

Después continuamos hacia Albuquerque siguiendo el trazado histórico de 1937. Al llegar, recorrimos Central Avenue, una de las arterias vinculadas al trazado histórico de la Ruta 66 dentro de la ciudad. Ahí encontramos el Teatro KiMo, inaugurado en 1927 y reconocido por su arquitectura Pueblo Deco, que combina elementos del Art Déco con referencias a las culturas indígenas del suroeste. Su fachada y ornamentación muestran cómo la historia de esta carretera también se cuenta a través de la arquitectura y de los espacios urbanos que crecieron a su alrededor.
La última visita del día nos llevó al centro histórico de Albuquerque, fundado en 1706. Entre edificios de adobe, plazas y calles que conservan parte de su carácter tradicional, encontramos una celebración con bailes típicos mexicanos, música y familias reunidas para compartir sus raíces. Desde Chicago hemos atravesado distintos paisajes, conocido lugares emblemáticos y compartido el camino con otros motociclistas que, como nosotros, encuentran en esta ruta una razón para viajar. La siguiente parada será Gallup, Nuevo México.

