LOS “NO NEGOCIABLES” DEL MANTENIMIENTO DE TU MOTO

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Atender la moto en el intervalo entre los 1,000 y los 3,000 kilómetros recorridos es la diferencia entre una máquina que responde y una que te falla cuando menos lo esperas. Es en este periodo de uso que comienza una zona crítica que muchos motociclistas ignoran: los desgastes todavía no se sienten, pero ya están ocurriendo. 

El aceite es el punto de partida. Un aceite en buen estado tiene un color ámbar claro; cuando se vuelve negro y espeso, ya dejó de proteger y también de enfriar. En uso normal el cambio puede hacerse entre los 2,000 y los 3,000 km, pero si la moto trabaja en tráfico denso, calor intenso o con carga, ese intervalo se reduce a la mitad. La viscosidad también importa, por lo que debes elegir la adecuada según el clima y el motor no es un detalle menor.

La cadena, por su parte, es donde se pierde o se gana potencia sin que el piloto se dé cuenta. Debe lubricarse cada 400 a 600 kilómetros y limpiarse cada 800 a 1,000, siempre en ese orden. Lubricar sobre suciedad acumulada solo acelera el desgaste. Aunque sea común escucharlo, evita usar gasolina para limpiarla y recurre a productos especiales para ello.

El filtro de aire merece atención antes del kilometraje sugerido si la moto circula en zonas de mucho polvo o contaminación. Un filtro oscuro ya está restringiendo el flujo de aire, lo que se traduce directamente en menos potencia, mayor consumo y un motor que literalmente se ahoga.

En frenos no hay margen de negociación. Las pastillas no deben bajar de los 2 a 3 mm de material y el disco no debe tener surcos profundos. Además, el nivel de líquido debe revisarse con regularidad, considerando que absorbe humedad con el tiempo, por lo que conviene reemplazarlo cada uno o dos años aunque visualmente parezca en buen estado.. Un chillido, una vibración o una respuesta tardía son señales que no se deben ignorar.

En el apartado eléctrico de la moto, la batería exige terminales limpios y un arranque firme. A su vez, la tornillería en general tiende a aflojarse con las vibraciones propias del uso, por lo que apretarla periódicamente evita sorpresas. Si la moto cuenta con refrigerante o embrague hidráulico, esos fluidos también entran en la revisión.

Todo esto, hecho con orden, no te debe tomar más de una hora de tu fin de semana y puede ahorrar reparaciones costosas, daños mayores y, sobre todo, las consecuencias de una falla en el camino.

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