La carretera y las tradiciones mexicanas se combinaron en una rodada organizada por BMW Motorrad Lerma, que llevó a sus participantes hasta Atlixco, Puebla, para disfrutar del festival Valle de Catrinas y conocer de cerca una de las expresiones más representativas de la temporada de Día de Muertos.

La jornada comenzó en las instalaciones de la agencia, donde los motociclistas recibieron las indicaciones de ruta antes de emprender el recorrido. El destino elegido fue el municipio poblano reconocido por sus cultivos de flores, especialmente el cempasúchil y la flor de terciopelo, elementos tradicionales en los altares y ofrendas que cada año se preparan para honrar a los difuntos.

El primer punto de referencia fue Ixtapan de la Sal, desde donde la ruta continuó hacia las inmediaciones de las Grutas de Cacahuamilpa, una zona conocida por sus curvas enlazadas y que exige atención al manillar. Posteriormente, el grupo llegó a Puente de Ixtla, donde se hizo una parada para almorzar en el restaurante carretero 4 Vientos.

Con las energías renovadas, los participantes retomaron el camino por la autopista del Sol y la carretera Siglo XXI hasta llegar a Atlixco, completando aproximadamente 275 kilómetros de recorrido. Una vez en el destino, los motociclistas pudieron recorrer los campos de flores y disfrutar del Valle de Catrinas, festival que destaca por sus esculturas monumentales inspiradas en la figura de la catrina, instaladas entre los sembradíos y convertidas en un atractivo turístico de la región.

Además de ofrecer un destino atractivo para los amantes de las dos ruedas, la actividad permitió acercarse a las tradiciones que distinguen estas fechas en México. El recorrido también fue una oportunidad para disfrutar de las motocicletas BMW Motorrad en distintos escenarios, con tramos que pusieron a prueba la atención y el control de los pilotos en carretera.

Para el regreso a Toluca, el grupo tomó una ruta diferente, atravesando Morelos por la carretera Cuautla–Izúcar de Matamoros y conectando con la zona de Cuernavaca para continuar por la ruta de las Lagunas de Zempoala, otro tramo reconocido por sus curvas y exigencias de conducción. Este segundo trayecto sumó alrededor de 250 kilómetros, para superar los 500 kilómetros durante toda la jornada.

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