
Hace 30 años, la Bimota 500 Vdue sacudió la industria con una propuesta que nadie más se atrevió a hacer: salvar el motor de dos tiempos en la era de las normativas de emisiones, envolverlo en la carrocería más sofisticada del mercado y venderlo como la motocicleta deportiva definitiva.

El intento casi destruyó a Bimota. Y, sin embargo, la Vdue sigue siendo uno de los proyectos técnicos más fascinantes que ha producido la industria italiana, y para entender por qué este modelo generó tanta expectativa, hay que recordar el contexto de mediados de los noventa. Las normativas anti emisiones europeas y estadounidenses estaban liquidando a los motores de dos tiempos.
Aprilia, Suzuki, Yamaha y todos los demás iban abandonando esa tecnología en sus deportivas de calle. Bimota apostó por todo lo contrario, diseñando desde cero su propio motor, algo que nunca había hecho en toda su historia, y lo concibió como un bicilíndrico en V a 90 grados de 499 cc, dos tiempos y con inyección electrónica directa de combustible. Era la primera vez en la historia que un motor de dos tiempos para motocicleta de calle incorporaba inyección directa.


Los números eran contundentes: 110 caballos a las 9,000 rpm y 88 Nm de torque a 8,000 rpm, con un peso en seco de apenas 145 kilogramos. La relación peso-potencia superaba a prácticamente cualquier deportiva de producción de la época. El chasis se componía de una estructura de aluminio mecanizada en CNC en las zonas de mayor carga, basculante monobrazo también de aluminio, horquilla Paioli de 46 mm con regulación completa, amortiguador trasero Ohlins, frenos Brembo con discos de 320 mm, rines Antera de 17 pulgadas y carrocería de fibra de carbono. La caja de cambios era de seis velocidades, tomada directamente de la competición con embrague seco.
La Vdue llegó al mercado en 1997 y la prensa especializada la recibió con una mezcla de admiración y preocupación. El chasis funcionaba con una agilidad que pocos rivales de cuatro tiempos podían igualar en el trazado de curvas. El problema estaba en el motor. El sistema de inyección directa -revolucionario en teoría- resultó imposible de calibrar de forma consistente en producción. Los sellos del cigüeñal fallaban con frecuencia, la mezcla resultaba imprecisa ciclo a ciclo y la entrega de potencia era errática por debajo de las 5,000 rpm. Las primeras 150 unidades producidas generaron una ola de devoluciones y reclamos de garantía que Bimota no pudo absorber financieramente.

La marca intentó remediar la situación con dos variantes: la Vdue Evoluzione de 1999, que directamente abandonó la inyección en favor de carburadores de 39 mm y alcanzó los 122 caballos, y la versión Corsa, orientada a la pista y libre de las restricciones de homologación. También se planeó una copa monomarca, la Trofeo Cup, que nunca llegó a disputarse porque Bimota entró en quiebra en 2001 antes de que pudiera organizarse.
Treinta años después y con 500 unidades fabricadas en total, la 500 Vdue sigue siendo un objeto de culto difícil de entender: demasiado fallida para ser un éxito, demasiado ambiciosa para ser olvidada.
