YZF-R6 2006. LA REVOLUCIÓN DE 600 CC

MarcasYamahaHace 9 horas2.6K Vistas

Hace 20 años Yamaha reescribió las reglas del juego del mundo de las supersport de 600 cc. Fue en el 2006 cuando la marca de los tres diapasones tomó su YZF-R6 -una moto que ya era respetada- y la transformó en una motocicleta de producción con tecnología derivada de la alta competición, lista para salir por la puerta de los concesionarios.

En la primera mitad de los 2000, la guerra de las supersport estaba en su punto más feroz. Honda tenía la CBR600RR, Kawasaki vendía la ZX-6R y Suzuki popularizaba la GSX-R600. Esa categoría era -en ese momento- el banco de pruebas más exigente del mundo para la tecnología de serie.

La R6 anterior ya era buena, pero esta nueva generación representó un gran salto de ingeniería. El motor ganó 3 caballos para una potencia máxima de 125 CV que gritaban hasta las 14,500 rpm. Yamaha anunciaba un límite de 17,500 rpm, pero nunca se llegaba a esas vueltas por la limitación de la ECU, generando una de las controversias más sonadas del año y obligando a la marca a lanzar la oferta de recomprar la moto a cualquier cliente insatisfecho.

La gran revolución fue el acelerador electrónico YCC-T (Yamaha Chip Controlled Throttle), el primero en una moto de producción de la historia, acoplado a un sistema de doble inyector por cilindro para optimizar la atomización a altas revoluciones. A eso se sumó el embrague antirrebote, que transformó por completo la forma de frenar y entrar a las curvas. 

El chasis era completamente nuevo y adoptó el concepto de línea recta directo de la M1 de MotoGP para una precisión de dirección que avergonzaba a muchas motos de competición pura. La aerodinámica, con pequeñas aletas frontales inspiradas en los monoplazas de F1, aportaba mayor carga y mejor refrigeración del motor a través de los conductos de admisión de aire tipo ram, y el escape se reubicó en posición central con silenciador de titanio para centralizar masas. 

La R6 del 2006 obligó a toda la industria de fabricantes japoneses a repensar sus productos desde cero. Dominó el Supersport mundial durante años y acumuló más victorias en AMA Middleweight que ninguna otra 600 de la historia. Veinte años después, la R6 -específicamente la quinta generación- se ha convertido en una máquina de culto que sólo los que hemos tenido la fortuna de montarnos en una entendemos y que vaya que echamos de menos ese tetracilíndrico que nos hizo respetar el motociclismo deportivo.

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